domingo 7 de febrero de 2010

Muchachas, a cenar.

Aunque aquí falta el oxigeno por la calefacción, aquí el aire se siente menos caliente. El aire allá abajo no se respira, y aunque aquí también me cuesta un poco, no me cuesta tanto. Pensaba que era solo mi idea, solo mi pesar. Otra vez la cena lo contrario me prueba. Tres sincronizadas y una bolsa de papas para tres mujeres hambrientas. Hambrientas de deseo. Dos en la flor de la edad, la tercera flor marchita. Más el deseo nunca se marchita. Dos mujeres que mueren de miedo y una tercera que ya perdió el duelo. Tres mujeres solas, sin mujer adentro. Dos mujeres solas, en advenimiento. Y las dos pequeñas flores repelen la tercera, y las dos pequeñas flores saben muy dentro que eso pasa cuando llega el tiempo. Y las dos pequeñas flores tienen miedo al duelo pues se saben marchitas desde mucho antes que llegue el momento. La tercera flor se está quedando dormida, la tercera flor da vueltas en la cocina, no encuentra la sal, no encuentra la vida. La segunda flor no sabe donde pegar los ojos, la primera flor quiere acabar rápido, irse para arriba. Piensa en salir corriendo, piensa en soñar dormida, ya no quiere soñar más despierta. La segunda flor no esconde la cara, la tercera flor muere de la pena, la primera flor se come por dentro. La tercera flor ya se terminó, la segunda flor se abstiene esta a dieta, y a la primera le duelen los dientes. Pero todas mastican el mismo plato. Los dientes, el pelo y la boca de donde mismo les vienen. Por eso es que sufren al verse entre ellas, por eso es que no soportan sentarse a la cena.

Aquí estoy y aquí me quedo, si me buscan

que se pierdan, en aquel cuarto

reflejo

de lo que fui (ó soñé que fui)

de lo que vi (ó soñé que vi)

de lo que pensé de ti,

el momento en que morí.

sábado 6 de febrero de 2010

:)

-¿Y si salváramos a esa mujer?

-¿Salvar a esa mujer, míster Fogg?- exclamó el brigadier general

-Aún me sobran doce horas. Puedo consagrarlas a eso.

-¡Vaya! ¡Es usted un hombre valiente!- dijo sir Francis Cromarty

-En ocasiones- respondió sencillamente Phileas Fogg -. Cuando tengo tiempo.

miércoles 3 de febrero de 2010

ay ay ay canta y no llores

¡Me odio los acentos y la gramática porque no los tengo!

Y es que está mal odiar lo que no tengo por qué no lo tengo, ¡no eso no! Me odio por que deje que se me resbalara entre los labios, entre uno y otro pensamiento, entre todo. Como siempre. Sí, sí, ese es mi problema dejo que todo se resbale entre todo. ¡Y ahora sí, que revoltura!

Quisiera tener un cuento que contar, un día que decir, una mano que estrechar. Pero no lo tengo. Quisiera tener un verso que cantar, un alma que portar, y una vida que callar. Quisiera, ay como quisiera, ¡ay como quisiera no decir quisiera! Quisiera poder suprimir mis deseos, llevándolos a cabo en auto, pip nip nip, y ya. Como una maquinita. Bonita, chiquita, plateada y perfecta, y si me averío, nadamas me arreglan. En cambio así como estoy lo averiada no se me quita nunca y si me lo quito después de mucho trabajo me quedo oxidada. Así como ahora, así como siempre.

Quisiera no verla y pensar que soy su madre. Porque solo lo pienso y actúo como la hija que soy, fea y desconsiderada. ¡Quisiera verme a mí y no pensar que soy mi padre! Quisiera verlo a él y poder no disgustarme. Quisiera que ya no hubiera ojos tristes, quisiera que mi llanto me quitara el frio. Quisiera que tus manos fueran lo único que fuera capaz de sentir. Quisiera poder dormir a gusto. Quisiera poder decir a gusto. Y ya no quiero nada mejor.

miércoles 27 de enero de 2010

A veces quisiera quitarme la cara por pedacitos y descubrirme una nueva.

Y cuando se empiezan a reír ya no se les puede tener compasión. Con tanta risa y carcajada alborotan hasta al más tranquilo orgullo. Cuando no es el más tranquilo, aún peor. “Uno tiene que aprender”. Y vaya que uno tiene que aprender por las muy malas. Después de que se cayó la botella o se rompió una mesa, o una boca en su defecto. Y a veces ni así. A veces hacen falta mil botellas, y a decir verdad ni eso. Lo malo es que siempre son las mismas bocas, y también las mismas mesas. Cuando yo me vaya no me voy como mesa, cuando yo me vaya, yo si me voy. Entonces se salió por la puerta de atrás, yo me voy por adelante. Se escondió en el armario, adentro, yo me escondo allá, afuera. Le dejo en el mismo techo, yo por mi le tumbo el cielo. Sí, así, yo tengo menos valor, no soy tan buena. Ella le dijo que sí, yo dije y digo que no y es no. Yo me fui y ella se quedo.

viernes 22 de enero de 2010

Aparentemente hay cosas que jamás son suficiente. Pero eso solo aparentemente. Hay ojos morados, dientes picados, cuerpos estresados y hasta besos desgastados. Pero nunca es suficiente para irse, dejar de endulzarse, dejar de preocuparse o bien, dejar de besarse. Así es, yo lo he visto, y aun más, yo he visto sus peleas internas. Su sí, su no, su sí no no. Todos piensan que se esconden bien bonito, desgraciados, pero no es cierto. Todos son lo mismo por dentro y por fuera, vestidos con diferentes palabras y diferentes formas, con diferentes cicatrices y distintas dependencias. Y aún todos piensan que no son todos. Y uno piensa que el otro y el otro que uno y total nadie piensa bien de nadie. Yo la verdad soy igual de desgraciada, igual de desgraciada que cualquiera que se siente indeseado, harto, incomprendido, celoso, hambriento, ansioso, frustrado, ocioso, enojado, o cualquier otra cosa que uno puede sentirse ser que es bien, pura desgracia. Afortunadamente nada es absoluto verdad, así como nada es suficiente. Si no, ni para cuando.

domingo 17 de enero de 2010

ay ay ay ay

Si escribiera un poema sobre ti, parecería que necesito palabras para decirte que siento. A mí me gusta pensar que hablo con el cuerpo. Y se me hace que sí, pues tú me respondes. Yo diría que así es como se hace naturalmente, aunque supuestamente es lo opuesto. Pero quien sabe, la verdad es que también te quiero con palabras. Más sin caricias no puedo quererte (no por completo). Quién sabe, a lo mejor y solo es mala costumbre (de esas realmente buenas).